LA TRINCHERA DE LAS PALABRAS

jueves, agosto 17, 2006

PRÓRROGA DE LA VIDA...


Y que tremendo es eso de la muerte,
y que tremenda vida tiene mi muerte,
vida que vivo con cada día
y muere un poquito al final del día...


Pero que angustioso es esto de la muerte,
en cambio, que jocoso es esto de vivir
porque la línea que separa ambos es tan ínfima,
que hay veces que no sabemos si morimos
o aún respiramos.

Sin embargo, creo que aunque haya gente
que muera sin haber vivido
y otras que ya muertas sigan vivas,
lo más importante es saber
que la diferencia entre vivir y morir
está en conocer que vivimos para morir,
!!pero que buena es esa muerte
que no te mata,sino que avisa,
esa muerte que te da vida!!




martes, mayo 16, 2006

SOÑÓ QUE SE DORMÍA


Tal y como había sucedido en anteriores noches, cerró sus ojos, como quien cierra una ventana, y a la vez abrió su mente. Cada sueño que tenía se teñía de pesadilla, en la cual, él siempre corría y corría de esos pasos que le seguían; eran pisadas de dos personas distintas, corriendo tras él, cada vez más rápido, los pasos se clavaban en el asfalto haciendo que resonaran más alto y más cerca, pero cuando miraba hacia atrás, no veía a nadie, tan sólo los escuchaba.

Con el paso de las noches, aprendió la manera de librarse de sus dos perseguidores anónimos, cada vez que sentía ya los pasos muy cerca de su espalda, y ese escalofrío llamado terror le acariciaba la columna vertebral de arriba hacia abajo lentamente, despertaba. Pero los dos cazadores ya conocían esa estratagema, y no se dejaban sorprender, cuando creían que lo iba a hacer, se agarraban a sus pestañas y se quedaban recolgando, como hábiles trapecistas, los cuales iban trepando por ellas sin el menor esfuerzo hasta que él conseguía despegar sus párpados.

Sin embargo, esta noche los volvió a sorprender, ellos creyeron que se despertaría y saltaron a sus pestañas (que parecían patas de araña), y él sencillamente soñó que se dormía.

VENGANZA CAÑÍ



Enarca una de sus cejas Paco, mientras mira sentado en el tranco de su puerta hacia el monte del Rosario; el ambiente sabe a felonía y vindicta, sin embargo Pepa, su perra, ajena a todo lo que a su alrededor había sucedido, dormía boca arriba como narcotizada por los rayos de sol, de vez en cuando agudizaba sus orejas, pero no movía un solo músculo más. El amo, disfrutaba de su estrenada soledad, esperando a que viniera la policía, dentro en su lar, aún su esposa con el cuerpo caliente (y coronado de moscas) seguía manando sangre casi negruzca que se extendía, como trepando, por los baldosines del suelo. Paco suspira, el aire que exhala imagina los bordes de una dentadura machacada por la piorrea, y entonces le roza las encías levemente, convirtiéndose casi en un alivio.

Todo comenzó cuando conoció a Carmen en la feria de ganado, a la que Paco asistió acompañado de su hermano mayor, el cual, portaba la imagen de primogénito huérfano que nunca había sucumbido a la negligencia de abandonar el rol paternal, la avistó merodeando de la mano de su abuelo, con su mata de pelo azabache bosquejando los límites de su pálido rostro, resaltando más sus enormes ojos negros. La vio y supo que tenía que ser para él. Dos horas más tarde cerraba el trato con su padre: dos ovejas, una cabra y doscientos reales, a cambio de la quinceañera virginal.

- ¿Cómo te llamas lucero?
- Carmen
- ¿Te han dicho que eres mía?
- Sí
- Pues vámonos, que ya no hay nada que hacer aquí

Paco y su hermano caminan a la par, mientras que la niña lo hace junto a Paco, pero dos pasos más atrás, éste la mira de soslayo cada cierto tiempo, y ella que lo sabe lo hace pícaramente. La noche amenaza con echarse, y hay que acelerar el paso, suben por el camino del cerro que adornado con cacharros viejos y basura de la ciudad, se hace eterno, la niña camina presurosa e intenta colocarse a la altura de Paco, pero es imposible, así que, de vez en cuando, regresa a su ritmo normal. De repente la cuesta se hace llana, y se divisan casuchas que advierten con derrumbarse, en la puerta de la tercera dice Paco:

- Para, que es aquí-

La agarra por el brazo y los dos atraviesan el umbral, la niña acaba de dejar su infancia y recuerdos de juegos con sus hermanas y muñecas de cartón le rondan por la memoria.

- ¡Lola!, ¡Lola sal ya de ahí!- grita el amo de pronto con aire azuzante.
- Ya voy, ya salgo- respondió una voz casi afónica.

La mujer salió y entonces vio a Carmen, la humillación de ser sustituida se tornó rápidamente a venganza femenina y felina.

- Recoge tus cosas y lárgate ahora mismo, dale tu llave a Carmen y no vuelvas por aquí- dijo la voz de la hombría.

La orden suena a palabras fulminantes, la reina destronada se apresura a coger un abrigo y una lata para mendigar mientras salen por su boca, a entre dientes, maldiciones y blasfemias venenosas, se cruza con la usurpadora y por medio de una mirada, le reta a volver a verse.

Y todo eso hace dos meses. Hoy, por el mediodía, después de comer, Lola entró por la puerta de atrás, con los ojos cargados de venganza y ataviada, en una mano, con un cuchillo afilado que sisó a la Ramona, y en la otra un pañuelo. Entró casi de puntillas y sin hacer ruido, vio a Carmen de espaldas fregando los platos mientras entonaba alguna canción, se acercó a ella con pasos pequeños y de pronto se echó sobre la criatura, le puso el pañuelo en la boca y el cuchillo se lo arremetió en la barriga varias veces, la niña no gritó, todo fue muy rápido y el factor sorpresa le quedó sin voz, tampoco opuso resistencia. La asesina paró cuando se sintió casi sin fuerzas, la vendetta había salido de su cuerpo con la fuerza de un turbión; dejó caer al cadáver al suelo y se miró las manos llenas de sangre: una sensación mezcla de satisfacción y miedo recorrió sus entrañas, salió huyendo por donde entró. Paco que se despierta y ve correr a la muerte, con su arma en la mano, entra en la cocina y ve a su lucero, aún palpitante, mirándole con ternura, él la besa y la deja reposar en el suelo de nuevo hasta que muere.

La tarde destila odio y veneno. Se acerca la policía y el occiso cuerpo de Carmen, espera tumbado en el suelo.

viernes, mayo 12, 2006

SI DECIDES REGRESAR


Dicen que seleccionas a la juventud como frágiles víctimas, vástagos criados a los que vas enseñando tus armas, a los que vas moldeando, simples trozos de arcilla que das forma pacientemente, y cuando ya están hechos a tu imagen y semejanza, los abandonas en ese barrizal de sueños frustrados, dejándoles los ojos sin anestesia ni olvido.

Más de una vez he escuchado que tienes forma de cigüeña, y que emigras en una determinada época para volver al finalizar ésta, vuelves y pretendes que todo sea igual, como si el tiempo sólo hubiera pasado para ti, vuelves para continuar lo que habías dejado al partir, y esperas que tu compañera esté inmovilizada en ese nido que construiste para los dos, esperándote, Amor.

Eso es lo que dicen...nos vas dando besos de segunda boca, que nos sientan como si fueran de primera, eres como un Don Juan sordo mudo, que no enarbolas con palabras ni atiendes a razones. Tú, cazador furtivo en busca de corazones en peligro de extinción, a veces para rematarlos y otras para que nos golpeen el pecho con más fuerza, y así, percatarnos de que aún sigues ahí, acechándonos, esperando a que aparezcamos por cualquier esquina para abrirnos en canal y zambullirte buceando hasta lo más profundo del esternón.
Eres ese gato viejo y resabido, con innumerables vidas empalmadas que engarzas convirtiéndolas en cenizas que hacen al suelo fértil... tú, cabeza bifronte.

Siento nostalgia de ti, Amor, de la fuerza de un río, con sus distintos caudales y estiajes, de que me conduzcas por el mundo absorto y descascarillado de la pasión, de que seas mi verdugo. En cambio, me siento saciada de caricias secas, como si mi cuerpo hubiera sido en algún momento cemento fresco en el que te grabaste, de que plantes cipreses en el cementerio de mis labios, en los cuales, cada día mato besos como quien mata piojos. Eres, sin saberlo, un mar viudo de olas que le peinen, y me usas a mi, me traes y me llevas a tu ritmo, a tu antojo, sin yo querer pero tampoco sin oponer resistencia, con un vaivén mareante y a la vez compás deseado.

Te huelo en el ambiente, no sé tras que rostro te esconderás, porqué boca te reconoceré; quiero tenerte frente a frente puesto que tus ojos son catalejos por los que te veo más cerca, no sé si aparecerás por arriba o por abajo, por algún punto cardinal o arrastrado por la marea de la casualidad, eres la libertad e independencia con personalidad pero no personificado en nada.

Quizás no te hayas fugado de mi, y sigas ahí dentro, inconsciente, dormido o moribundo, deseando salir o haciéndote amante de la soledad. Puede ser que no te hayas ido nunca, que juegues a llamar a puerta y esconderte luego, si esto es así, compórtate de una vez conforme a tu edad, pongamos las cartas sobre la mesa y veamos quién gana esta partida: si yo, herida y desangrándome veinte años seguidos, o tú, arquero con carcoma.
Puede ser que no te decidas a salir nunca, porque estás calentito en mis adentros, o puede ser que cuando desees nacer yo no pueda parirte, y entonces, tenga que abortarte. Sin embargo, he pensado que a lo mejor nunca nos hemos conocido, y tan sólo me he estado codeando con vulgares imitaciones tuyas, vastas alucinaciones, siendo nuestros recuerdos los de otras personas, de los cuales nos hemos apropiado como si los hubiésemos encontrado en el suelo de la calle.

Sea lo que sea, si deseas volver a verme, o conocerme por primera vez, vuelve a entrar de puntillas y sin hacer ruido, que yo haré como si no te hubiera sentido entrar y echaré de mi cama a la melancolía. Si decides regresar, me pondré de nuevo la venda a los ojos y todo será más sencillo, porque la ausencia de ti se comenzará a deshilachar, convirtiéndose en un nuevo ovillo con que tejer todo de manera distinta. Si decides regresar, Amor, déjate caer en tu sillón, que aún tiene tu forma como si te acabaras de levantar, y acomódate; tráete tu ropa interior y tu cepillo de dientes porque, espero, será para siempre.

LA ECUATORIANA





Llegaba temprano y abrió la puerta de la casa, todo estaba como ella lo había dejado la noche anterior, e incluso Doña Julia permanecía en la misma postura. La miró desde la puerta de su habitación: por las rendijas de la persiana entraban tímidos rayos de luz apuntándole al pecho, parecían flechas que se le habían clavado; la penumbra del cuarto desapareció cuando Lorena encendió la tenue luz de la mesilla de noche y se colocó junto a su cabeza: -“ Despierte Doña Julia, que ya estoy aquí”- dijo susurrándole al oído para no cortarle su sueño con un susto. La anciana fue abriendo sus ojos con dificultad, los abría un poco, como si fueran guiños, y los volvía a cerrar, por fin fue capaz de despegar sus párpados cuando notó que Lorena le desarropaba y la ponía derecha para hacerle esos matutinos masajes en sus extremidades huesudas.

Seguidamente la transportaba en su silla de ruedas hacia el cuarto de baño, en donde le lavaba el cuerpo de cabeza hacia abajo con una esponja ligeramente húmeda y un poco de jabón. Las carnes que le envolvían estaban cubiertas de una piel extremadamente blancuzca y arrugada, sin embargo le gustaba que después del baño, le extendiera crema hidratante por el cuerpo y notar cómo su piel, casi sin poros, chupaba la crema. Seguidamente le recogía el pelo y le hacía un moño un poco pobre, le dibujaba unas cejas que parecían dos gaviotas boca abajo y un poco más estiradas, le fingía ese rubor que el colorete le proporcionaba y le dibujaba una sonrisa con el pintalabios.

Lo más difícil de todo fue siempre vestirla, porque nunca colaboraba, se quedaba inmóvil y rígida. Después de comer la sacaba a pasear por el parque; hasta bien entrada la primavera, la anciana iba embozada. Un día fue a visitarla una de sus hijas:
-Mamá está mejor que nunca, la cuida usted fenomenal-, y luego preguntó: - ¿Allá por Ecuador también cuidaba ancianos?-
A lo que Lorena respondió:
- Yo allí era taxidermista- y se rascó la oreja con sus dedos gorditos.


Por Idüa

miércoles, mayo 10, 2006

DICCIONARIO


LA TRINCHERA:

La trinchera es un refugio, un escondite, una madriguera de palabras que a veces se niegan a salir. La Trinchera puede ser la basura del corazón o de la mente, puede ser lo que cada uno quiera...
Por Idüa

Despertar:
Despertar es Hoy. Vivir de nuevo. Sentir que cada minuto es único sin pensar siquiera en ello. Es querer ver cumplido nuestros sueños. Es descubrir que tan solo eran eso, sueños. Despertar es abrir los ojos y pensar: ¡Buenos días!. Es respirar de nuevo. Otro día más…
Por ADA
Nacer:
Nacer es estar rodeado de líquido, nadando en libertad, no comes, te alimentan, no respiras, te dan el oxígeno que necesitas. Pero un buen día sin saber porqué, ese líquido que te da la vida, empieza a desaparecer, sientes unos movimientos que te empujan hacia fuera, y no saber por qué, pero sientes la necesidad de salir. Y de repente, ves una luz, notas como te sacan de donde siempre habías estado, sientes dolor, lloras deseperadamente, cortan el cordón que te unía a la fuente que te daba la vida. Entonces cuando crees caer en la desesperación te tumban en el pecho de una mujer, que está llorando, por dolor, pero sobre todo por emoción de ver tu carita, esa carita que estuvo esperando nueve meses para vértela, y de pronto todas esa desesperación se acaba, y sientes que surge un nuevo cordón que te une a esa mujer, un cordón que no se romperá mientras que vivais.Nacer es cambiar la vida de todos los que te rodean, nacer es cambiar nuestra historia, ya que tú acabas de aterrizar en este pequeño mundo.A Jususín, mi sobrino que aterrizará en agosto de este año.
Por Gladia
ESPERAR:
La espera es un cigarrillo interminable, una mirada al horizonte,un ojo acartonado, un reloj seco. Esperar a veces es también buscar, querer encontrar. El puntual y el paciente acrecentan su alma en la espera...
Por Idüa
SOÑAR:
Dormir con los párpados separados y la mente abierta. Se hace en cualquier parte y a cualquier hora, se puede soñar con alguien o con algo, lo importante es ser capaz de soñar, porque el sueño es el aceite de la imaginación y a veces, de la voluntad.
Por Idüa

LAS VISTAS DEL MAR..


VISIÓN DESDE UN LADO



El mar estaba revuelto esa noche y no había luna, la playa parecía asemejarse a una enorme y lánguida boca de lobo, con esos dientes punzantes de las olas y los ojos oscuros y traicioneros del horizonte; el sonido de las olas muriendo en la orilla te adormilaba y a la vez intentaba atraerte a sus brazos con un vaivén mareante y contagioso. Yo permanecía de pie, quizás pensando en algo mientras que de vez en cuando le daba una calada a ese cigarrillo interminable, es curioso, intentaba dejar de fumar pero los cigarrillos parecían alargarse, a lo mejor es que los saboreaba más o quizás es que en la cumbre del aburrimiento todo está empalmado.
El coche estaba en marcha y la puerta del conductor abierta, como quien ha salido a una emergencia, y seguramente lo fuera, hacía tiempo que no observaba la mar ni me dejaba arrastrar por la tranquilidad que me transmitía, así que al pasar por el paseo marítimo, me paré y me bajé precipitadamente de una manera inconsciente. Hacía frío y el uniforme más que abrigarme, me pesaba. Qué largas se hacen las jornadas nocturnas de trabajo… y más en soledad, Juan, mi compañero, estaba enfermo y yo deambulaba sola por las solitarias y lúgubres calles de la ciudad…




VISIÓN DESDE EL OTRO LADO



El mar estaba iracundo y nos envolvía una etérea capa de frío que se concentraba sobre todo en las manos y en los pies, pero yo apenas lo notaba, estaba nervioso y tenía miedo. Decidí cerrar los ojos y sentirlo todo como si yo no estuviera presente: se escuchaban sollozos, se notaba la presión de nuestros destinos acechándonos, como aves de carroña y el ambiente olía a ilusión quemada; tenía mis piernas encogidas y apoyadas, de una manera inevitable, en la espalda de alguien anónimo, entonces sentí una mano cercana sobre mis rodillas...en aquellos momentos recordé todas las veces que había soñado con salir del país, pero hay que tener cuidado con lo que se sueña, porque a veces se hace realidad, pero no en una versión original….





VISIÓN CONJUNTA


Apenas había amanecido, el sol parecía no querer alumbrar lo que de nuevo me tocaba hacer. Habíamos intentado salvarlos, pero no fue posible a todos. Sobre la playa descansaban cuerpos ahogados de quimeras saladas, habían cumplido sus expectativas pero quizás a un precio que les fue imposible pagar. Los demás temblaban, y entre ellos ese recién nacido hambriento y de la misma edad que mi hijo, me quedé absorta mirándolo y escuchando su llanto punzante mientras que sentía cómo me iba subiendo ese ardor pegajoso, nervioso y abrasador que es el instinto maternal. Cogí a la criatura, me senté en la arena y comencé a darle el pecho. Me mordía ansioso con sus encías rasas, sin embargo hay dolores que saben a fruición…

Por Idüa