LA TRINCHERA DE LAS PALABRAS

viernes, mayo 12, 2006

LA ECUATORIANA





Llegaba temprano y abrió la puerta de la casa, todo estaba como ella lo había dejado la noche anterior, e incluso Doña Julia permanecía en la misma postura. La miró desde la puerta de su habitación: por las rendijas de la persiana entraban tímidos rayos de luz apuntándole al pecho, parecían flechas que se le habían clavado; la penumbra del cuarto desapareció cuando Lorena encendió la tenue luz de la mesilla de noche y se colocó junto a su cabeza: -“ Despierte Doña Julia, que ya estoy aquí”- dijo susurrándole al oído para no cortarle su sueño con un susto. La anciana fue abriendo sus ojos con dificultad, los abría un poco, como si fueran guiños, y los volvía a cerrar, por fin fue capaz de despegar sus párpados cuando notó que Lorena le desarropaba y la ponía derecha para hacerle esos matutinos masajes en sus extremidades huesudas.

Seguidamente la transportaba en su silla de ruedas hacia el cuarto de baño, en donde le lavaba el cuerpo de cabeza hacia abajo con una esponja ligeramente húmeda y un poco de jabón. Las carnes que le envolvían estaban cubiertas de una piel extremadamente blancuzca y arrugada, sin embargo le gustaba que después del baño, le extendiera crema hidratante por el cuerpo y notar cómo su piel, casi sin poros, chupaba la crema. Seguidamente le recogía el pelo y le hacía un moño un poco pobre, le dibujaba unas cejas que parecían dos gaviotas boca abajo y un poco más estiradas, le fingía ese rubor que el colorete le proporcionaba y le dibujaba una sonrisa con el pintalabios.

Lo más difícil de todo fue siempre vestirla, porque nunca colaboraba, se quedaba inmóvil y rígida. Después de comer la sacaba a pasear por el parque; hasta bien entrada la primavera, la anciana iba embozada. Un día fue a visitarla una de sus hijas:
-Mamá está mejor que nunca, la cuida usted fenomenal-, y luego preguntó: - ¿Allá por Ecuador también cuidaba ancianos?-
A lo que Lorena respondió:
- Yo allí era taxidermista- y se rascó la oreja con sus dedos gorditos.


Por Idüa