LA TRINCHERA DE LAS PALABRAS

miércoles, mayo 10, 2006

LAS VISTAS DEL MAR..


VISIÓN DESDE UN LADO



El mar estaba revuelto esa noche y no había luna, la playa parecía asemejarse a una enorme y lánguida boca de lobo, con esos dientes punzantes de las olas y los ojos oscuros y traicioneros del horizonte; el sonido de las olas muriendo en la orilla te adormilaba y a la vez intentaba atraerte a sus brazos con un vaivén mareante y contagioso. Yo permanecía de pie, quizás pensando en algo mientras que de vez en cuando le daba una calada a ese cigarrillo interminable, es curioso, intentaba dejar de fumar pero los cigarrillos parecían alargarse, a lo mejor es que los saboreaba más o quizás es que en la cumbre del aburrimiento todo está empalmado.
El coche estaba en marcha y la puerta del conductor abierta, como quien ha salido a una emergencia, y seguramente lo fuera, hacía tiempo que no observaba la mar ni me dejaba arrastrar por la tranquilidad que me transmitía, así que al pasar por el paseo marítimo, me paré y me bajé precipitadamente de una manera inconsciente. Hacía frío y el uniforme más que abrigarme, me pesaba. Qué largas se hacen las jornadas nocturnas de trabajo… y más en soledad, Juan, mi compañero, estaba enfermo y yo deambulaba sola por las solitarias y lúgubres calles de la ciudad…




VISIÓN DESDE EL OTRO LADO



El mar estaba iracundo y nos envolvía una etérea capa de frío que se concentraba sobre todo en las manos y en los pies, pero yo apenas lo notaba, estaba nervioso y tenía miedo. Decidí cerrar los ojos y sentirlo todo como si yo no estuviera presente: se escuchaban sollozos, se notaba la presión de nuestros destinos acechándonos, como aves de carroña y el ambiente olía a ilusión quemada; tenía mis piernas encogidas y apoyadas, de una manera inevitable, en la espalda de alguien anónimo, entonces sentí una mano cercana sobre mis rodillas...en aquellos momentos recordé todas las veces que había soñado con salir del país, pero hay que tener cuidado con lo que se sueña, porque a veces se hace realidad, pero no en una versión original….





VISIÓN CONJUNTA


Apenas había amanecido, el sol parecía no querer alumbrar lo que de nuevo me tocaba hacer. Habíamos intentado salvarlos, pero no fue posible a todos. Sobre la playa descansaban cuerpos ahogados de quimeras saladas, habían cumplido sus expectativas pero quizás a un precio que les fue imposible pagar. Los demás temblaban, y entre ellos ese recién nacido hambriento y de la misma edad que mi hijo, me quedé absorta mirándolo y escuchando su llanto punzante mientras que sentía cómo me iba subiendo ese ardor pegajoso, nervioso y abrasador que es el instinto maternal. Cogí a la criatura, me senté en la arena y comencé a darle el pecho. Me mordía ansioso con sus encías rasas, sin embargo hay dolores que saben a fruición…

Por Idüa