LA TRINCHERA DE LAS PALABRAS

viernes, mayo 12, 2006

SI DECIDES REGRESAR


Dicen que seleccionas a la juventud como frágiles víctimas, vástagos criados a los que vas enseñando tus armas, a los que vas moldeando, simples trozos de arcilla que das forma pacientemente, y cuando ya están hechos a tu imagen y semejanza, los abandonas en ese barrizal de sueños frustrados, dejándoles los ojos sin anestesia ni olvido.

Más de una vez he escuchado que tienes forma de cigüeña, y que emigras en una determinada época para volver al finalizar ésta, vuelves y pretendes que todo sea igual, como si el tiempo sólo hubiera pasado para ti, vuelves para continuar lo que habías dejado al partir, y esperas que tu compañera esté inmovilizada en ese nido que construiste para los dos, esperándote, Amor.

Eso es lo que dicen...nos vas dando besos de segunda boca, que nos sientan como si fueran de primera, eres como un Don Juan sordo mudo, que no enarbolas con palabras ni atiendes a razones. Tú, cazador furtivo en busca de corazones en peligro de extinción, a veces para rematarlos y otras para que nos golpeen el pecho con más fuerza, y así, percatarnos de que aún sigues ahí, acechándonos, esperando a que aparezcamos por cualquier esquina para abrirnos en canal y zambullirte buceando hasta lo más profundo del esternón.
Eres ese gato viejo y resabido, con innumerables vidas empalmadas que engarzas convirtiéndolas en cenizas que hacen al suelo fértil... tú, cabeza bifronte.

Siento nostalgia de ti, Amor, de la fuerza de un río, con sus distintos caudales y estiajes, de que me conduzcas por el mundo absorto y descascarillado de la pasión, de que seas mi verdugo. En cambio, me siento saciada de caricias secas, como si mi cuerpo hubiera sido en algún momento cemento fresco en el que te grabaste, de que plantes cipreses en el cementerio de mis labios, en los cuales, cada día mato besos como quien mata piojos. Eres, sin saberlo, un mar viudo de olas que le peinen, y me usas a mi, me traes y me llevas a tu ritmo, a tu antojo, sin yo querer pero tampoco sin oponer resistencia, con un vaivén mareante y a la vez compás deseado.

Te huelo en el ambiente, no sé tras que rostro te esconderás, porqué boca te reconoceré; quiero tenerte frente a frente puesto que tus ojos son catalejos por los que te veo más cerca, no sé si aparecerás por arriba o por abajo, por algún punto cardinal o arrastrado por la marea de la casualidad, eres la libertad e independencia con personalidad pero no personificado en nada.

Quizás no te hayas fugado de mi, y sigas ahí dentro, inconsciente, dormido o moribundo, deseando salir o haciéndote amante de la soledad. Puede ser que no te hayas ido nunca, que juegues a llamar a puerta y esconderte luego, si esto es así, compórtate de una vez conforme a tu edad, pongamos las cartas sobre la mesa y veamos quién gana esta partida: si yo, herida y desangrándome veinte años seguidos, o tú, arquero con carcoma.
Puede ser que no te decidas a salir nunca, porque estás calentito en mis adentros, o puede ser que cuando desees nacer yo no pueda parirte, y entonces, tenga que abortarte. Sin embargo, he pensado que a lo mejor nunca nos hemos conocido, y tan sólo me he estado codeando con vulgares imitaciones tuyas, vastas alucinaciones, siendo nuestros recuerdos los de otras personas, de los cuales nos hemos apropiado como si los hubiésemos encontrado en el suelo de la calle.

Sea lo que sea, si deseas volver a verme, o conocerme por primera vez, vuelve a entrar de puntillas y sin hacer ruido, que yo haré como si no te hubiera sentido entrar y echaré de mi cama a la melancolía. Si decides regresar, me pondré de nuevo la venda a los ojos y todo será más sencillo, porque la ausencia de ti se comenzará a deshilachar, convirtiéndose en un nuevo ovillo con que tejer todo de manera distinta. Si decides regresar, Amor, déjate caer en tu sillón, que aún tiene tu forma como si te acabaras de levantar, y acomódate; tráete tu ropa interior y tu cepillo de dientes porque, espero, será para siempre.