LA TRINCHERA DE LAS PALABRAS

martes, mayo 16, 2006

VENGANZA CAÑÍ



Enarca una de sus cejas Paco, mientras mira sentado en el tranco de su puerta hacia el monte del Rosario; el ambiente sabe a felonía y vindicta, sin embargo Pepa, su perra, ajena a todo lo que a su alrededor había sucedido, dormía boca arriba como narcotizada por los rayos de sol, de vez en cuando agudizaba sus orejas, pero no movía un solo músculo más. El amo, disfrutaba de su estrenada soledad, esperando a que viniera la policía, dentro en su lar, aún su esposa con el cuerpo caliente (y coronado de moscas) seguía manando sangre casi negruzca que se extendía, como trepando, por los baldosines del suelo. Paco suspira, el aire que exhala imagina los bordes de una dentadura machacada por la piorrea, y entonces le roza las encías levemente, convirtiéndose casi en un alivio.

Todo comenzó cuando conoció a Carmen en la feria de ganado, a la que Paco asistió acompañado de su hermano mayor, el cual, portaba la imagen de primogénito huérfano que nunca había sucumbido a la negligencia de abandonar el rol paternal, la avistó merodeando de la mano de su abuelo, con su mata de pelo azabache bosquejando los límites de su pálido rostro, resaltando más sus enormes ojos negros. La vio y supo que tenía que ser para él. Dos horas más tarde cerraba el trato con su padre: dos ovejas, una cabra y doscientos reales, a cambio de la quinceañera virginal.

- ¿Cómo te llamas lucero?
- Carmen
- ¿Te han dicho que eres mía?
- Sí
- Pues vámonos, que ya no hay nada que hacer aquí

Paco y su hermano caminan a la par, mientras que la niña lo hace junto a Paco, pero dos pasos más atrás, éste la mira de soslayo cada cierto tiempo, y ella que lo sabe lo hace pícaramente. La noche amenaza con echarse, y hay que acelerar el paso, suben por el camino del cerro que adornado con cacharros viejos y basura de la ciudad, se hace eterno, la niña camina presurosa e intenta colocarse a la altura de Paco, pero es imposible, así que, de vez en cuando, regresa a su ritmo normal. De repente la cuesta se hace llana, y se divisan casuchas que advierten con derrumbarse, en la puerta de la tercera dice Paco:

- Para, que es aquí-

La agarra por el brazo y los dos atraviesan el umbral, la niña acaba de dejar su infancia y recuerdos de juegos con sus hermanas y muñecas de cartón le rondan por la memoria.

- ¡Lola!, ¡Lola sal ya de ahí!- grita el amo de pronto con aire azuzante.
- Ya voy, ya salgo- respondió una voz casi afónica.

La mujer salió y entonces vio a Carmen, la humillación de ser sustituida se tornó rápidamente a venganza femenina y felina.

- Recoge tus cosas y lárgate ahora mismo, dale tu llave a Carmen y no vuelvas por aquí- dijo la voz de la hombría.

La orden suena a palabras fulminantes, la reina destronada se apresura a coger un abrigo y una lata para mendigar mientras salen por su boca, a entre dientes, maldiciones y blasfemias venenosas, se cruza con la usurpadora y por medio de una mirada, le reta a volver a verse.

Y todo eso hace dos meses. Hoy, por el mediodía, después de comer, Lola entró por la puerta de atrás, con los ojos cargados de venganza y ataviada, en una mano, con un cuchillo afilado que sisó a la Ramona, y en la otra un pañuelo. Entró casi de puntillas y sin hacer ruido, vio a Carmen de espaldas fregando los platos mientras entonaba alguna canción, se acercó a ella con pasos pequeños y de pronto se echó sobre la criatura, le puso el pañuelo en la boca y el cuchillo se lo arremetió en la barriga varias veces, la niña no gritó, todo fue muy rápido y el factor sorpresa le quedó sin voz, tampoco opuso resistencia. La asesina paró cuando se sintió casi sin fuerzas, la vendetta había salido de su cuerpo con la fuerza de un turbión; dejó caer al cadáver al suelo y se miró las manos llenas de sangre: una sensación mezcla de satisfacción y miedo recorrió sus entrañas, salió huyendo por donde entró. Paco que se despierta y ve correr a la muerte, con su arma en la mano, entra en la cocina y ve a su lucero, aún palpitante, mirándole con ternura, él la besa y la deja reposar en el suelo de nuevo hasta que muere.

La tarde destila odio y veneno. Se acerca la policía y el occiso cuerpo de Carmen, espera tumbado en el suelo.